• Home
  • Ciudad
  • País
  • Política
  • Mundo
  • Blogs
  • Opinión
  • Economía
  • Deportes
  • Vida y Cultura

lunes 22 de diciembre del 2014

Última carga01:24:38

Incentivos para no contaminar

Durante los meses de enero y febrero, en promedio, se duplica la cantidad de basura que produce diariamente un chileno (a), de uno a dos kilos de desechos que normalmente van a parar al tarro de la basura en el mejor de los casos, ya que en no pocas ocasiones terminan en la calle, plazas, playas y lugares no destinados al depósito.

Coincidentemente, proyecciones realizadas por el municipio de Chillán, asociadas al nuevo contrato de recolección y disposición final de la basura, anticipan que en una década la ciudad producirá el doble de residuos, pasando de las 5 mil toneladas mensuales a 10 mil. Desde el punto de vista individual, esto significa que cada habitante escalará en su producción, de 900 gramos a 2 kilos de basura.
El diagnóstico es claro, no así la política pública que debería fijarse como objetivo reducir la producción de desechos y menos los incentivos para ello. ¿Con qué materiales se reemplazan productos que son contaminantes y que tengan un costo similar? ¿Qué incentivos existen para generar envases biodegradables a un costo competitivo? ¿En cuántas comunas existen programas de separación de la basura domiciliaria y posterior división en los vertederos?
Todas esas preguntas refieren a temas que deben abordarse de modo permanente y con mirada de largo plazo, pues suponen que los usuarios van a actuar con una mentalidad pro medio ambiente.
Suponiendo que existen personas dispuestas a innovar en esta materia, como de hecho existen, sería bueno conocer el impacto social que ello ha traído y cuáles son las dificultades para masificar estas propuestas. El costo de un envase de madera o cartón reciclado, por ejemplo, es mucho más alto que el de la bolsa plástica o papeles brillantes, lo mismo sucede con las cintas o adornos de fibras naturales versus las sintéticas. En el caso de la basura domiciliaria, si hay hogares dispuestos a entregar la basura separada, qué ocurre posteriormente con ella. En los camiones recolectores no existen separadores de desechos y en los vertederos se junta toda. Por otra parte, no hay cultura en la población local para realizar este tipo de selección. Quizás si el mayor conocimiento está dado en las botellas de plástico y eventualmente de vidrio y los lugares públicos donde depositarlas.
Este problema que se origina con los desechos, se da también en otras áreas donde no existen incentivos a la no contaminación. El caso de las gasolinas es un claro ejemplo de los incentivos mal puestos. Aquella menos contaminante es la que paga más impuestos y, por ende, la más costosa. Con los automóviles sucede lo mismo. Mientras más nuevos y por ello menos emisores, más cuesta el permiso de circulación. Las ampolletas, la calefacción y una serie de otros productos de consumo cotidiano también reproducen la lógica de “a menor contaminación, mayor precio.”
No sólo es necesario trabajar en el área de la educación, sino que también hay que generar incentivos en las áreas de la innovación, investigación, motivar la creatividad y establecer fondos para nuevos proyectos.
Esta demanda por una conducta más amigable con el medio ambiente no sólo es una cuestión de salud y estética, es una necesidad económica. Cada vez más los países a donde Ñuble exporta están exigiendo la trazabilidad de los productos, lo que supone realizar prácticas ecológicas desde la siembra, mano de obra inicial, hasta el destino final, donde la energía utilizada para producirlo, la materia prima del embalaje y la mano de obra, deben ser realizadas con el menor impacto ambiental posible.

comments
JA Teline IV
JA Teline IV
JA Teline IV
ediciones