martes 23 de septiembre del 2014

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Incentivos para no contaminar

Durante los meses de enero y febrero, en promedio, se duplica la cantidad de basura que produce diariamente un chileno (a), de uno a dos kilos de desechos que normalmente van a parar al tarro de la basura en el mejor de los casos, ya que en no pocas ocasiones terminan en la calle, plazas, playas y lugares no destinados al depósito.

Coincidentemente, proyecciones realizadas por el municipio de Chillán, asociadas al nuevo contrato de recolección y disposición final de la basura, anticipan que en una década la ciudad producirá el doble de residuos, pasando de las 5 mil toneladas mensuales a 10 mil. Desde el punto de vista individual, esto significa que cada habitante escalará en su producción, de 900 gramos a 2 kilos de basura.
El diagn√≥stico es claro, no as√≠ la pol√≠tica p√ļblica que deber√≠a fijarse como objetivo reducir la producci√≥n de desechos y menos los incentivos para ello. ¬ŅCon qu√© materiales se reemplazan productos que son contaminantes y que tengan un costo similar? ¬ŅQu√© incentivos existen para generar envases biodegradables a un costo competitivo? ¬ŅEn cu√°ntas comunas existen programas de separaci√≥n de la basura domiciliaria y posterior divisi√≥n en los vertederos?
Todas esas preguntas refieren a temas que deben abordarse de modo permanente y con mirada de largo plazo, pues suponen que los usuarios van a actuar con una mentalidad pro medio ambiente.
Suponiendo que existen personas dispuestas a innovar en esta materia, como de hecho existen, ser√≠a bueno conocer el impacto social que ello ha tra√≠do y cu√°les son las dificultades para masificar estas propuestas. El costo de un envase de madera o cart√≥n reciclado, por ejemplo, es mucho m√°s alto que el de la bolsa pl√°stica o papeles brillantes, lo mismo sucede con las cintas o adornos de fibras naturales versus las sint√©ticas. En el caso de la basura domiciliaria, si hay hogares dispuestos a entregar la basura separada, qu√© ocurre posteriormente con ella. En los camiones recolectores no existen separadores de desechos y en los vertederos se junta toda. Por otra parte, no hay cultura en la poblaci√≥n local para realizar este tipo de selecci√≥n. Quiz√°s si el mayor conocimiento est√° dado en las botellas de pl√°stico y eventualmente de vidrio y los lugares p√ļblicos donde depositarlas.
Este problema que se origina con los desechos, se da tambi√©n en otras √°reas donde no existen incentivos a la no contaminaci√≥n. El caso de las gasolinas es un claro ejemplo de los incentivos mal puestos. Aquella menos contaminante es la que paga m√°s impuestos y, por ende, la m√°s costosa. Con los autom√≥viles sucede lo mismo. Mientras m√°s nuevos y por ello menos emisores, m√°s cuesta el permiso de circulaci√≥n. Las ampolletas, la calefacci√≥n y una serie de otros productos de consumo cotidiano tambi√©n reproducen la l√≥gica de ‚Äúa menor contaminaci√≥n, mayor precio.‚ÄĚ
No sólo es necesario trabajar en el área de la educación, sino que también hay que generar incentivos en las áreas de la innovación, investigación, motivar la creatividad y establecer fondos para nuevos proyectos.
Esta demanda por una conducta m√°s amigable con el medio ambiente no s√≥lo es una cuesti√≥n de salud y est√©tica, es una necesidad econ√≥mica. Cada vez m√°s los pa√≠ses a donde √Ďuble exporta est√°n exigiendo la trazabilidad de los productos, lo que supone realizar pr√°cticas ecol√≥gicas desde la siembra, mano de obra inicial, hasta el destino final, donde la energ√≠a utilizada para producirlo, la materia prima del embalaje y la mano de obra, deben ser realizadas con el menor impacto ambiental posible.

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