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Grave riesgo de atropello suman rutas a Yungay, Pinto, Quirihue y San Fabián

La Ruta N-59, conocida como la Ruta de la Muerte, volvió a protagonizar tragedia, esta vez en zona poblada. Familiares de la última víctima fatal, de sólo 17 años, exigen arreglos para evitar más decesos.

La alta tasa de accidentes que presenta desde hace años el camino que une a Chillán con Yungay podría ser presentado como una situación ya demasiado expuesta en los medios. Sin embargo, son su vigencia, escasa solución y los ejemplos fatales que de vez en vez vuelven a golpear a las comunidades involucradas, los factores que los mantienen siempre en el tapete noticioso.
Y si por un lado, la muerte de la  joven escolar Patricia Rosales Bello (17), quien fue atropellada el fin de semana a la altura del kilómetro 23 de la Ruta N-59, en la localidad de Quiriquina, por una camioneta, constituye el nuevo accidente fatal de la provincia -el tercero en esa ruta en 2012-, la llamada “ruta de la muerte” no es el único camino que se ha ganado una fama poco célebre en Ñuble.
Conforme a los datos estadísticos proporcionados por Carabineros de la SIAT Ñuble, unidad investigadora que sólo se encarga de realizar peritajes a aquellos accidentes vehiculares que presenten resultado de muerte o termine con personas en riesgo vital, los enlaces que van de Chillán a Pinto (N-55), y de Quirihue a Cobquecura (N-50) tienen idénticas tasas de ocurrencia de siniestros, donde quienes los sufren son los vecinos de poblados aledaños a la ruta.
En 2011, personal de esta sección investigadora de accidentes concurrió en cinco oportunidades a cada una de ellas. “Y el común denominador de las tres rutas es que en algunos tramos tienen muy mala iluminación, por otra parte la señalética es poca o deficiente, se advierte que comúnmente transitan personas en estado de ebriedad y, lo que a mi juicio es uno de los factores que más perjudican a los peatones, es la falta de bermas”, observó el capitán Matías Palominos, de la SIAT.
LA DISCUSIÓN realizó un recorrido desde Chillán Viejo hasta el pueblo de Quiriquina, constatando algunas fallas adjetivables hasta de “insólitas” en el camino, como el hecho de que en cinco oportunidades se advierte que a un lado de la pista hay señalética de suelo que obliga a mantener una velocidad máxima determinada, distinta de la que se le exige al conductor que va por la pista contraria.
Por otra parte, las curvas no son anunciadas, y lo que asoma como más grave, “prácticamente no hay pasos habilitados a peatones desde Chillán Viejo hasta Pueblo Seco, por lo que las personas que deben cruzar de un lado a otro de la carretera, lo hacen técnicamente en forma ilícita y corriendo los riesgos que todos sabemos”, criticó el capitán Palominos.
la quebrada voz vecinal
Como es de imaginar, los ánimos en la Población Las Rosas, en Quiriquina, no son de los mejores.
Patricia, la última víctima, es recordada como una niña linda,  tranquila y sociable, pero dado que el negocio más cercano -el supermercado Las Vegas- requiere cruzar la “ruta de la muerte”, ella lo hizo el pasado domingo, cerca de las 21 horas “para ir a recargar su celular y para comprar otras cosas. Fue a la vuelta cuando la camioneta la atropelló”, recordó quien fuera su pololo, Fabián Rodríguez, otro de los que a diario se exponen para comprar o para tomar locomoción. “Es realmente muy peligroso, no sé qué tanto les cuesta poner un lomo de toro al inicio y a la salida del pueblo. Tampoco es un lugar muy iluminado”, agregó aún en estado de shock.
Según las estimaciones de Olga Cifuentes, una de las encargadas del emporio, “a diario viene mucha gente, de todas partes del pueblo y son varios los que deben cruzar, entre ellos muchos niños solos”.
Similar observación hacen en el supermercado Anita, ubicado unos kilómetros antes, en donde observan que “desde el consultorio que está como a cinco minutos de acá (en dirección a Chillán) hasta el colegio que queda pasado el retén de Carabineros, no hay semáforos, ni señaléticas, ni lomos de toro, ni nada. Usted puede ver que acá es imposible que pasen dos minutos sin que se vea un auto o un camión circulando a mucha más velocidad de la permitida”, acusó su dueña, Ana Sepúlveda.
Finalmente, Carlos Rosales, el papá de Patricia, denunció que “los conductores no respetan a los peatones, mi hija era un niñita no más, estudiosa, tranquila... ojalá que se pongan la mano en el corazón y arreglen luego esto”.
una leve baja
En 2011, la Ruta 148 de Quillón registró accidentes por atropellos que ameritaron los servicios de la SIAT. Se suman en Ñuble, por problemas de la misma índole, las rutas 31 (San Fabián) y 49 (Coihueco), además del camino a Pinto y a Cato.
Sin embargo, el aumento de las fiscalizaciones realizadas por el personal de la Tenencia Carreteras y las campañas preventivas han contribuido a reducir en parte la alta accidentalidad de esas vías.
¿Quienes corren más riesgo? Según carabineros, las personas que viven en villorrios e incluso pueblos a la orilla de la carretera, quienes muchas veces caminan por la calle en vez de las bermas, lo que aumenta las posibilidades de morir arrollados frente a conductores descuidados.

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