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Renato Segura

Renato Segura

Economista
Director de Ingeniería Industrial · Universidad de San Sebastián 

Lunes, 16 Febrero 2015 10:32

Yo discrepo

La sospecha de una relación incestuosa entre la política y el dinero ha sido un tema de conversación recurrente. Lo mismo ha ocurrido con el supuesto tráfico de influencias, entre grupos de poder, para sesgar las decisiones de agentes políticos y económicos relevantes. Sin embargo, los últimos acontecimientos conocidos por la opinión pública nacional, han superado con creces las peores sospechas. Los casos Penta (fraude tributario y financiamiento electoral ilegal) y Dávalos (uso de influencias y posición privilegiada) han dejado al descubierto el uso de poderosas redes de tráfico de influencias que gobiernan la relación entre la política y la economía.
La Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (Casen) 2013 mostró algo que no es nuevo en economía: la pobreza disminuye junto con el crecimiento económico, pero no ocurre con lo mismo cuando se analiza los indicadores de equidad.El índice de pobreza reportado por el Ministerio de Desarrollo Social, desde 1990, se ha calculado estimando el ingreso autónomo mínimo necesario para satisfacer las necesidades básicas del hogar de acuerdo a los patrones de consumo proporcionados por la IV Encuesta de Presupuestos Familiares del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) de 1987-1988. Bajo este criterio, un hogar urbano se clasifica como pobre si el ingreso autónomo per cápita no supera los $66.084 A comienzos de 1990 la pobreza en Chile afectaba al 38,6% de la población. Según la Casen esa cifra se redujo el 2013 al 7,3%. El índice de medición – no exento de críticas por los valores en nivel que arroja su metodología de cálculo – ha revelado que, en lo que respecta a la tendencia, la pobreza en Chile ha disminuido en forma notable durante los últimos 24 años. Los mejores resultados se han obtenido en aquellos períodos donde Chile registra las mayores tasas de crecimiento económico, a pesar que la medición del nivel de desigualdad se ha mantenido o aumentado. En efecto, economistas de la talla de Osvaldo Larrañaga y Rolf Lüders han demostrado que, para cambios despreciables en la desigualdad, el crecimiento económico por sí solo explica más del 60% de la reducción de la pobreza. Por otro lado, Lafuente y Sainz (2001) encuentran asimetrías en el comportamiento del índice de pobreza frente a los ciclos económicos; un punto de disminución en el crecimiento económico tiene mayor efecto que si aumentara un punto en dicho crecimiento. En lo que respecta a la desigualdad, los investigadores señalan que un país más equitativo explica entre un 20% a 30% la reducción de la pobreza (Larrañaga, 2008). En Chile, sin embargo, la distribución del ingreso ha sido uno de los puntos disonantes en el desarrollo del país. Contreras, Cooper y Neilson (2006) utilizando datos de panel durante el período 1996 – 2001, muestra que el crecimiento económico del país ha beneficiado a los más pobres pero, cuyo beneficio, ha sido menos relevante que el obtenido por el 10% más rico. Con la evidencia disponible, la cruzada en favor de la equidad y de hacer de Chile un país más justo, será estéril si no se cuida el mantener y fortalecer el crecimiento económico del país. La estructura de la matriz productiva nacional, cumple muy bien el principio de Pareto es decir que el 80% del crecimiento económico lo genera menos del 20% de las empresas, donde la producción de cobre y celulosa son las que, en conjunto, contribuyen en más del 12% al PIB nacional. La política pública ha sido efectiva al momento de reducir la pobreza mediante el estímulo del crecimiento económico. El contrapunto lo aporta la incapacidad de la política pública para mejorar la equidad sin afectar negativamente el crecimiento económico, experimentos que han condenado a Chile a tener que convivir con el flagelo de la pobreza y el subdesarrollo.
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