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lunes 20 de octubre del 2014

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Martes, 04 Octubre 2011 15:32

El vértigo de vivir en el siglo 21

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Inundado el quehacer de la sociedad. Ejemplos hay muchos: la urgencia de adelantar la plena inserción laboral de los jóvenes al mundo del trabajo, la presión para acortar el período de formación de nuevos profesionales, la imperiosa necesidad de estar conectados en tiempo real, la crítica necesidad de disminuir los tiempos en transporte y el éxito empresarial medido por la capacidad de respuesta frente a la emergente demanda de consumidores, son elementos que han dominado la escena en lo que va corrido del siglo XXI. La percepción generalizada de la población es que se nos va la vida si no somos capaces de lograr los emergentes objetivos de corto plazo, fenómeno que ha generado un peligroso umbral de urgencia que ha impedido al ser humano disfrutar de la existencia.

La vorágine del movimiento continuo no para. Las Escuelas de administración y negocios han fortalecido la idea que el éxito empresarial es el fruto de la rapidez con la cual se toman las decisiones, donde el tiempo de análisis casi no existe so riesgo de perder la oportunidad de concretar un buen negocio frente a la irrupción de un agresivo competidor. Poco espacio se deja a la búsqueda de la complementariedad.
“En veinte días hemos avanzado más que otros en veinte años”, fue la frase del  Presidente Piñera que caracterizó la vorágine de los primeros días del cambio de coalición gobernante y que refleja muy bien dicho proceso de inmediatez en el cual se ha sumergido la sociedad chilena.
Al igual como le  ocurre al pasajero de un automóvil en circulación, el afán por mirar los objetos que vertiginosamente pasan por las ventanas laterales, impide que el cerebro humano pueda asimilar completamente la realidad. En muchos casos, la presión ha sobrevalorado el temido costo de oportunidad.
La inmediatez y su efecto en la ansiedad y frustración que padecen muchas personas, está provocando un enorme costo social que aún somos incapaces en dimensionar. El modelo ha puesto en jaque los pocos espacios que la humanidad ha gozado para que hombres y mujeres puedan desarrollar sus capacidades, protegidos de los efectos colaterales que subyacen sobre la velocidad. Tanto el inicio como el fin de nuestro tiempo están siendo gravemente afectados por el vértigo que genera la inmediatez. Los niños tienen menos tiempos para jugar… los viejos cuentan con menos espacio para contribuir con su inconmensurable experiencia.

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Renato Segura

Economista
Director de Ingeniería Industrial · Universidad de San Sebastián 

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